De viajes y lenguajes

Yo, como quien dice, no tengo pasta de “viajero”. No nací con el “gusanillo” que otros tienen desde bien temprano, ese ansia de conocer mundo, de salir de tus fronteras y enriquecerte cultural y espiritualmente en otros lugares. Es una idea muy bonita y romántica, a lo “Lord Byron”, o al estilo “Livingstone”, con sombrero de explorador incluido. Pero no, yo era más bien un “catetorro” de pueblo con ciertas inquietudes, entre las cuales no estaba la de viajar por el mundo y conocer a otra gente y otras formas de vivir y pensar. Nunca he sido especialmente sociable, o eso pensaba yo… hasta que empecé a viajar y perdí muchos prejuicios, sobre el resto y sobre mí mismo.

Hubo una razón fundamental por la que cambié mi conducta, y poco de romántica o soñadora tiene… fue por necesidades académicas, ya que me veía en la facultad sacando asignaturas a paso de tortuga y no vislumbraba un final para la carrera. Unos me decían, “vete de Erasmus, es una experiencia genial y te suelen pasar más la mano con los estudios”. Pero yo no lo tenía claro. Estaba a gusto en Granada, perdiendo el tiempo y haciendo lo que mejor se me daba: tumbarme a la bartola y tocar la guitarra.

Hubo un punto de inflexión cuando fui a visitar a mi colega monegasco, que estaba de Erasmus en Eslovaquia. Fue un viaje genial, lleno de melonadas varias y de muchísima y buena cerveza, amén de baratica. Me gustó el ambiente de su residencia. La verdad es que “pillaba” poco de las conversaciones entre él y sus colegas erasmus, hablando en inglés: yo no tenía aún ninguna experiencia ni soltura con la lengua de Shakespeare, de la pérfida albión… no lo había usado en mi vida. Pero me sentía cómodo allí, escuchando diferentes idiomas (mayormente portugués y español) e inmerso en una rutina de viajar a diario con un coche alquilado a lo largo y ancho de aquel pequeño país con mucho encanto.

Fue a partir de esa experiencia cuando decidí por completo que yo quería irme de Erasmus y vivir algo así. Y si de paso me venía con un puñado de créditos conseguiría darle un buen empujón a la carrera para poder vislumbrar de una vez un final a la misma. Así que al año siguiente aterricé en Atenas, para pasar un año lejos de mis amigos y familia, y para “crear” otra familia, porque con mucha de la gente de aquel año (y ya ha llovido) aún mantengo relación y les tengo un gran cariño. Y conociendo a gente de otros países, esforzándome para comunicarme con ellos en inglés y todo ello aderezado con los continuos viajes que hacíamos los fines de semana, a veces grupos más grandes de personas, a veces más pequeños, empezó a surgir en mí la chispa del viajero.

Y el año de Erasmus, uno de los mejores sin duda de mi vida, se pasó pronto, con gente que no volví a ver más y otra con la que aún mantengo contacto, que sé de su vida y que (previo a la pandemia) hacemos por vernos de vez en cuando, aunque sea una vez cada dos años. Pero la mecha de aquel que le gusta viajar prendió, y ya nunca volvió a apagarse. Si bien las circunstancias actuales y generales de la vida de cada uno le obligan a permanecer más estático, menos dinámico y viajero, pero esa chispa ya nunca se apaga. Porque viajar y conocer otras culturas es enriquecer tu vida y tu persona, se mire desde el ángulo que se mire. Al menos ese es mi caso. Tu mente se abre y pierdes muchos prejuicios que, te das cuenta, no tenían base alguna. Es alegría de vivir, y aporta un toque mágico a tu forma de afrontar la vida y los quehaceres diarios.

Viajar es descubrir a otros y a ti mismo, y los idiomas son el hermoso vehículo con el que poder conectar con los locales y, así, conseguir llevarte una experiencia genial que seguramente nunca olvidarás.

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4 comentarios en “De viajes y lenguajes”

  1. Me encanta Felipe!! Yo soy una de las afortunadas con las que compartiste grandes momentos en aquel Erasmus!!! Incluido tumbarnos a la bartola y tocar la guitarra! 😉

    1. Felipe Vilchez

      Vaya añico bueno que echamos niña! Vaya pelotazos en el Ostria y en mi piso jaja! Ahí quedan esos recuerdos, y que nos quiten lo bailao…

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